El mito de Hermes

El mito de Hermes

Publicado en Junio 19, 2017, por , en Miscelánea, (Sin comentarios)

Los mitos

El robo de las vacas

Cuenta la leyenda que Hermes nació de una relación entre Zeus y Maya (una de las Pléyades, hija de Atlante). Un niño prodigioso que se desarrolló a una velocidad sorprendente y que rápidamente se fue de su casa en busca de aventuras. Un día cualquiera, estando vagando por Pieria, se consiguió con un rebaño de vacas cuyo dueño era nada más y nada menos que Apolo. A Hermes no se le ocurrió otra cosa que robarse el rebaño, pero para que no lo descubrieran inventó unas herraduras de madera que ató en cada pezuña de los animales con hierbas trenzadas.

Apolo no lo podía creer. Buscó por todos lados sin conseguir al culpable de semejante agravio. Ofreció una recompensa a quien le diera el menor indicio del lugar donde habían escondido a todo el rebaño. Ni siquiera Sileno y sus sátiros pudieron darle información sobre lo ocurrido. Ellos, deseosos de ganarse el premio ofrecido, buscaron hasta los confines más lejanos, hasta que un buen día un grupo de estas criaturas de apariencia terrible, mitad hombre mitad carnero, con orejas puntiagudas y cuernos en la cabeza, nariz chata y cola de cabra, se sintieron seducidos por una música maravillosa. ¿Qué instrumento es ese que produce esas melodías tan encantadoras? ¿Quién inventó tamaño prodigio? ¿Cómo lo hizo? La ninfa Cilene señaló al niño que había logrado sacarle música a un ingenioso instrumento musical elaborado con la concha de una tortuga y algunas tripas de vaca. Los sátiros inmediatamente olieron la oportunidad. ¿Y de dónde sacó ese niño las tripas de vaca?

Apolo hizo la acusación formal en el tribunal de Zeus. ¡Este niño me ha robado las vacas de mi rebaño! El dios olímpico no lo podía creer. Era solo un joven inocente, de mirada cándida, aparentemente incapaz de hacer lo que le acusaban. Apolo se mantenía intransigente porque tenía en sus manos el cuero de dos de sus vacas sacrificadas. Al final era tan obvia la culpa que Hermes confesó. ¿Dónde están mis vacas? -insistía vehementemente Apolo- Están a buen resguardo en el monte Cilene, dijo el imputado.

Llegados al sitio Hermes sacó debajo de una piel de oveja su maravilloso invento, la lira de concha de tortuga y el plectro que usaba para tocar sus cuerdas. La tonada que interpretó dejó tan conmovido a Apolo que de inmediato propuso un intercambio. Te puedes quedar con mis vacas si yo me quedo con la lira. Así fue. Mientras cuidaba los animales, su nueva posesión, Hermes inventó la zampoña, flauta rústica que, sin embargo, producía sonidos seductores. Apolo quedó nuevamente embelesado. No podía resistir el no tener también tan divino instrumento. Por eso le ofreció un nuevo canje. Si me das esa zampoña yo te doy a cambio este cayado de oro con el que reúno mi ganado, y cuando seas mayor serás el dios de vaqueros y pastores. Hermes dudó. Le pidió adicionalmente que le enseñara el augurio. De esa forma se inventó el regateo. Apolo se negó, pero le dijo que podía pedirles a sus viejas nodrizas, las Trías, que le enseñen a adivinar por medio de guijarros. Volvieron a estrecharse las manos y regresaron al Olimpo.

Zeus lucía maravillado con lo que Apolo le estaba contando sobre su hijo. El dios, dirigiéndose al infante dios le dijo “pareces un diosecillo muy ingenioso, elocuente y persuasivo. Te nombraré mi heraldo si cumples con las siguientes condiciones: En adelante debes respetar los derechos de propiedad y abstenerte de decir mentiras completas”. Hermes sonrió y le dijo: “Yo me haré responsable de toda la propiedad divina y nunca diré mentiras, aunque no puedo prometer que diré siempre la verdad. Mis deberes serán la conclusión de tratados, la promoción del comercio y el mantenimiento de la libertad de tránsito de todos los viajeros por todos los caminos del mundo”.

Zeus le dio un báculo de heraldo con cintas blancas que todos debían respetar, un sombrero redondo para que se resguarde de la lluvia y sandalias de oro aladas que lo llevarían de un lado a otro con la rapidez del viento.

La negociación con Hades y el origen de las estaciones

Hades, el dios del inframundo, sintiéndose muy solo, rapta a Perséfone de la Tierra y la convierte en su esposa, tras lo cual su madre Deméter (diosa de las estaciones y la tierra fértil, más antigua que Zeus), entristeció y echó maldiciones sobre la Tierra hasta que no vuelva a ver a su hija, comenzando así un período de agonía para la humanidad. Es entonces Zeus quien envía a Hermes al inframundo a negociar con Hades para que la devuelva. El pacto fue finalmente que Perséfone pasaría seis meses en el inframundo con Hades, y otros seis en la Tierra con Deméter; los meses en el inframundo su madre entristece (otoño-invierno), y cuando regresa a la Tierra, su progenitora vuelve a ser feliz (primavera-verano).

Explicación de sus atributos

De ladrón a comerciante

Hermes es un personaje controvertido: comienza su historia como ladrón (un ladrón astuto pero ladrón al fin de cuentas), pero es el final, el reconocimiento de su ingenio y la creatividad para inventar las soluciones lo que nos gusta de Hermes… ¿quién no quiere ser el más listo y ser alabado, sobre todo cuando se es joven?

Luego Hermes madura y redime su pasado de ladrón mediante el comercio que es justamente la antítesis de su vida temprana: el Hermes comerciante sólo puede existir a expensas del Hermes ladrón. Para que el comercio exista previamente se deben respetar los derechos de propiedad, actuar de buena fe en los negocios y mantener el compromiso común de no defraudar a nadie con la mentira. El cambio de mozo bribón a un señor también responde a las aspiraciones comunes de todos los humanos: una juventud retadora y rebelde que desafía a los adultos para luego de adulto ocupar una posición noble.

Dios de los mensajeros

La forma más reconocida de Hermes es la del mensajero. Para entender esta dimensión se debe recordar que en la edad antigua los intereses personales y familiares se encontraban cercanos (mismo pueblo o aldea) por lo que las personas comunes no necesitaban mensajeros.

Si la plebe no necesitaba mensajeros ¿para que un dios de los mensajeros? La exploración y las comunicaciones estaban subordinadas únicamente a las necesidades de expansión comerciales por lo que obviamente sólo quien fuera comerciante requería de los medios de comunicación… y por ende de una deidad tutelar. La figura del mensajero es entonces la evolución del comerciante.

Resulta anecdótico que los mensajeros se encomienden a Hermes para obtener protección contra los ladrones, timadores y tahúres… justamente aquello que fue su dios en un inicio, quizá una versión de “entre gitanos no se leen las manos” (asociativa) o “el mejor guardián de ovejas es el mismo lobo” (cíclica). Cualquiera haya sido el motivo, el mito conjura al protegido y la amenaza.

Para ser mensajero se necesita un mensaje y el lenguaje de Hermes es el comercio. El mensaje como extensión del acto comercial es el que otorga ésta faceta al dios: comunicarse para celebrar el negocio “Primus nuntius, et pactum” 1 idea que ha sido recogida durante la edad media y moderna a través de la figura del emisario.

Los mensajeros/comerciantes ven la máxima expresión en la labor de Hermes en su viaje al inframundo para negociar con Hades el regreso de Perséfone y trayéndola de vuelta: un heraldo tan bueno que puede negociar con la misma muerte.

Comunicador: Expansión de las relaciones

Hermes se mantiene siempre en movimiento: está a la vez en el cielo, sobre la tierra y en los infiernos. Es por su intermedio que se conecta el vacío entre las cosas: asegura el tránsito de unas a otras.

Dios de los mercaderes y mensajeros conecta los vivos pero como agente y negociador se convierte en el contacto con los muertos: en el mediador universal. Proactivo y cautivador lleva el mensaje pero invocando su estilo y pasado se le invoca para inspirar el “discurso” que convenciera a las partes cerrar las negociaciones.

Comunicador: dios de la elocuencia

El comercio expande las fronteras y así Hermes se vuelve dios de los mensajeros lo que nos lleva al último atributo que quiero resaltar de Hermes 2 la elocuencia.

Elocuencia y persuasión son dos atributos del mensajero comercial pero tambien el de de muchos otros gremios. Bajo el epíteto de Logios es, junto con Atenea, la representación divina estándar de la elocuencia en la Grecia clásica. Resulta curioso que mientras los maestros toman como modelo de elocuencia a Atenea (virginal, pura y académica) los políticos recogen éste atributo de Hermes (sin comentarios).

Hermes en el Derecho

La figura de Hermes no es desconocida en el pensamiento jurídico. Algunos autores la evocan, aunque con sentidos muy diferentes :

  • L. Sala-Molins (La Loi, de quel droit? París, 1977, págs. 29 y ss., y págs. 103 y ss.) lo presenta como el heraldo de la ley universal del deseo, que se aprovecha de la ley política para sí mismo. El autor le atribuye la filosofía de Ramón Llull, con la que está de acuerdo, y que podría expresarse en estas palabras: «Yo me basto, al diablo la ley», conclusión a la que puede llegar como consecuencia del mito del El robo de las vacas.Pero la explicación autocrática o solipsista 3 (según se vea) se queda corta pues el mito termina con un personaje mediador dentro de lo legal, lo aceptable.
  • R. Dworkin (Law’s empire, London, 1986, págs. 317 y ss.), quien lo traza esta vez bajo los rasgos del juez que interpreta la ley en función de la voluntad del legislador. Para Dworkin el juez Hermes se consagra a interpretar la ley en el sentido correspondiente a la voluntad del legislador mediante la actitud «hermenéutica» o propia del «modelo de Hermes»
  • Desde una perspectiva más contemporánea, Hermes destaca por la aplicación del principio de eficacia: negocia el perdón de las faltas previas a cambio del provecho mayor que se obtiene del aprovechamiento de sus obras (El robo de las vacas) y una solución equitativa a cambio de evitar los costos de un litigio largo y pasional (El origen de las estaciones).

Notas:

  1. Lat. “Primero el mensaje y luego el pacto”, fueron los romanos los que expresaron más sonoramente la idea del mensajero como preludio del acuerdo comercial.
  2. De todo el panteón griego Hermes es posiblemente el más humano y por ello el más complejo de los dioses. También es el guía de los difuntos, el que lleva los sueños a los mortales, inventor de la música, pastor y vaquero, auriga del carro celeste y copero del Olimpo.
  3. Solipsismo, del latín “[ego] solus ipse” (traducible de forma aproximada como “solamente yo existo”), es la creencia metafísica de que lo único de lo que uno puede estar seguro es de la existencia de su propia mente, y la realidad que aparentemente le rodea es incognoscible.

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