Un cuento: sobre ejercicio abusivo del poder público

Un cuento: sobre ejercicio abusivo del poder público

Publicado en Febrero 16, 2017, por , en Opinión, (Sin comentarios)

Cuentan que un león despertó sintiéndose más poderoso que nunca. Se dirigió a la selva con la seguridad de que su poder era inigualable.

En la selva se encontró en primer lugar con una serpiente a la que amenazó y le preguntó quién era el rey de la selva. La serpiente respondió “Tú, por supuesto” y ante esta respuesta el león siguió su camino.

El león se encuentra luego con un cocodrilo a quien le hizo la misma pregunta que a la serpiente. El cocodrilo respondió: “¿Por qué me lo preguntas si sabes que tú eres el rey de la selva?”.

El león continuó su camino haciéndoles esta pregunta a todos los animales que se le cruzaban hasta que le salió al paso un elefante: “Dime elefante, ¿quién es el rey de la selva?”, pronunció con soberbia el león. El elefante simplemente enroscó al león con su trompa y lo levantó por los aires arrojándolo una y otra vez hacia el suelo. El león se repuso, adolorido, y mirando al elefante le dijo: “Basta elefante, lo entiendo, pero no necesitas molestarte simplemente por no saber la respuesta”.

Partamos de una premisa que muchos han corroborado: algunos funcionarios públicos andan por ahí utilizando las facultades, no para el desempeño regular del cargo, sino como una manifestación arbitraria de poder: desde el agente municipal que aplica su “criterio” para imponer multas hasta el auditor que extrema las observaciones sólo “porque puede”.

Quienes se dedican a la contratación pública desde el lado privado se habrán topado con muchos leones que usando la fuerza de argumentos del tipo “estoy facultado”, “usted es el único que se queja”, “si no está conforme apele/vaya a arbitraje”. Pretenden, con buena o mala fe, imponer su criterio antojadizo al resto de actores y se ven alentados por el hecho de no recibir reclamos o no ser denunciados… estos funcionarios olvidan que los administrados son elefantes durmientes para los que denunciar es un acto ineficiente: como la denuncia sólo es punitiva pero no resarcitoria no vale la pena gastar recursos en presentarla.

Sin embargo, se abre la posibilidad de rentabilizar las denuncias mediante la aplicación de lo dispuesto en los artículos 122° y 138° del Reglamento de la Ley de Contrataciones que permiten reasignar directamente el contrato a favor de otros postores en casos de resolución o nulidad del contrato original (aun si la controversia se somete a arbitraje)… un estímulo económico que puede despertar a los elefantes.

La moraleja es que los elefantes existen y no hay que provocarlos, menos ahora que pueden ganar dinero dándole una paliza a los funcionarios.

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